Autora: Oumaima Belhaj

El Ramadán es un mes especial para millones de musulmanes alrededor del mundo, un tiempo que va más allá del simple acto de ayunar. Es un período de profunda reflexión espiritual, de generosidad, de renovación y de conexión con la fe. Aunque se celebra de manera similar en muchos países, el Ramadán tiene un sabor único dependiendo del lugar en el que se viva.

Entre otras cuestiones que lo caracterizan, el Ramadán consiste en ayunar, es decir, abstenerse de comer y beber desde el amanecer hasta el atardecer. Esto exige disciplina, paciencia y empatía hacia aquellos que enfrentan dificultades.

En Marruecos, el aire del Ramadán se siente muy especial ya que las familias se preparan con tiempo, las mezquitas se llenan en las noches para hacer tarawih, el rezo de la noche que solo se lleva a cabo este mes, y el ambiente se llena de una energía única que invita a la reflexión, a conectarse con uno mismo. Las calles se transforman y en los mercados se venden todos los ingredientes especiales para las comidas del Iftar (la comida con la que se rompe el ayuno).

Una de las partes más hermosas del mes es el Iftar, la familia y amigos se unen alrededor de una mesa para compartir esta comida especial, que normalmente comienza con dátiles, seguida de la tradicional sopa harira, es una oportunidad para mostrar gratitud por la comida y la compañía, y sobre todo, para fortalecer los lazos familiares.

Aunque en España también existen momentos de encuentro y comunidad, el ambiente que se vive en Marruecos durante el Ramadán tiene algo especial, es como si la ciudad y las casas se unieran en una misma oración y celebración, ver a las familias reunidas, compartir lo que tienen, sea mucho o poco, y dar generosamente a los demás, es un recordatorio palpable de la verdadera esencia de este mes,la solidaridad y el amor por el prójimo.

También es común que las personas ayuden a sus más cercanos, y se organicen colectivamente para ayudar a quienes más lo necesitan. Las donaciones de alimentos, la entrega de ropa o el voluntariado en diversas iniciativas son gestos que marcan el espíritu del mes de Ramadán. Este compromiso social es fundamental durante este mes y es uno de los aspectos que más me conmueve cada vez que regreso a Marruecos para celebrarlo.

Ramadán es un tiempo para reflexionar sobre el año que ha pasado, sobre nuestras acciones y sobre cómo podemos mejorar como personas, es el mes ideal para purificar nuestra mente, nuestros sentimientos y nuestra relación con los demás. Cada año está temporada nos recuerda lo afortunados que somos y la importancia de compartir lo que tenemos con los demás, construyendo un mundo más justo y lleno de paz.


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